
El título
El nombre de esta entrada del blog lo tomé prestado de un libro editado en 1999 por la Escuela de Artes Plásticas de Chiapas, donde se combinan ilustraciones y textos de artistas chiapanecos, como un ejercicio de simbiosis entre literatura y artes plásticas. El libro me lo regaló quien fuera el autor de algunas de las ilustraciones, así como del cuadro rojo que cuelga en mi sala; autor también de amores y tragedias, pero esa es una historia aparte.
Me vino a la mente porque pensaba en cómo equilibrar mi amor por la arquitectura, mi profesión y delirio, con mi más reciente affaire: la literatura. Siempre me han gustado las letras, leerlas y escribirlas, aunque confieso que ninguna de las dos cosas había hecho en serio (¡en serio!); irónicamente, el vertiginoso ritmo de la Ciudad de México (más sus interesantes personajes), funcionaron como propulsores para despertar ese interés dormido y ponerme en el dilema de tratar de conciliar, como lo hicieron en el libro, mi interés por las letras y las líneas.
El resumen del proceso
Primero leí algunos textos diferentes a lo que usualmente leo, luego conocí a un escritor cuyas pláticas me aventaban cada vez con mayor influencia al abismo de las letras, después leí un poco más, y supongo que fue en la época en que leía a George Orwell, cuando entre inmensas ganas de escribir y rebelarme en contra del sistema, decidí renunciar a mi trabajo y abrir mi propio despacho, y por supuesto, este blog.
Mi decisión fue la mejor y la más reconfortante, tengo ahora una libertad profesional que quizá nunca había sentido y el trabajo en el despacho no ha faltado; el siguiente punto era atacar las letras y para eso entré a un curso que cubre el tema.
La tan esperada primera clase
Verán, todo iba de maravilla, era el primer día del curso y yo no podía ser más feliz, como primer ejercicio escribimos esa noche un pequeño cuento, y yo, farolera como siempre, busqué en los rincones más recónditos de mi mente una historia tan nueva e impactante, que dejaría boquiabiertos a mis compañeros, y ¿porqué no?, al profesor.
Excelentes historias se contaron, cuando llegó por fin mi turno leí con suma devoción mis más recientes palabras. Tras cuartilla y media llegué al glorioso desenlace, espere un momento para levantar la vista y ahí estaban: todos boquiabiertos, sí, boquiabiertos, incluso el profesor tardó algunos segundos en articular palabra: -¿Qué opinan?-, dijo. Dicho esto, todos comenzaron a opinar desconcertados, sí, desconcertados, resulta que NADIE, repito NADIE, había entendido la historia y en un intento por descifrarla inventaron cualquier cantidad de tramas que ni remotamente se acercaban a lo que yo había querido decir (permítanme soltar una carcajada).
Alguien menciono en la clase que lo que escribes revela mucho de ti, ¡Qué horror! ¿Seré entonces inentendible, misteriosa y complicada? (otra carcajada).
El meollo del asunto
La cuestión es que aunque recién me di cuenta que mi mente trabaja de una forma extraña, me reconforta el hecho de recordar que Roma no se hizo en un día y que, de una forma u otra, estoy haciendo las cosas que me gustan, que me apasionan, que me llenan; con el consabido pánico que da no contar con el cheque quincenal, pero con el optimismo, quizá demasiado ingenuo, de pedirle a la vida un poquito más…
El nombre de esta entrada del blog lo tomé prestado de un libro editado en 1999 por la Escuela de Artes Plásticas de Chiapas, donde se combinan ilustraciones y textos de artistas chiapanecos, como un ejercicio de simbiosis entre literatura y artes plásticas. El libro me lo regaló quien fuera el autor de algunas de las ilustraciones, así como del cuadro rojo que cuelga en mi sala; autor también de amores y tragedias, pero esa es una historia aparte.
Me vino a la mente porque pensaba en cómo equilibrar mi amor por la arquitectura, mi profesión y delirio, con mi más reciente affaire: la literatura. Siempre me han gustado las letras, leerlas y escribirlas, aunque confieso que ninguna de las dos cosas había hecho en serio (¡en serio!); irónicamente, el vertiginoso ritmo de la Ciudad de México (más sus interesantes personajes), funcionaron como propulsores para despertar ese interés dormido y ponerme en el dilema de tratar de conciliar, como lo hicieron en el libro, mi interés por las letras y las líneas.
El resumen del proceso
Primero leí algunos textos diferentes a lo que usualmente leo, luego conocí a un escritor cuyas pláticas me aventaban cada vez con mayor influencia al abismo de las letras, después leí un poco más, y supongo que fue en la época en que leía a George Orwell, cuando entre inmensas ganas de escribir y rebelarme en contra del sistema, decidí renunciar a mi trabajo y abrir mi propio despacho, y por supuesto, este blog.
Mi decisión fue la mejor y la más reconfortante, tengo ahora una libertad profesional que quizá nunca había sentido y el trabajo en el despacho no ha faltado; el siguiente punto era atacar las letras y para eso entré a un curso que cubre el tema.
La tan esperada primera clase
Verán, todo iba de maravilla, era el primer día del curso y yo no podía ser más feliz, como primer ejercicio escribimos esa noche un pequeño cuento, y yo, farolera como siempre, busqué en los rincones más recónditos de mi mente una historia tan nueva e impactante, que dejaría boquiabiertos a mis compañeros, y ¿porqué no?, al profesor.
Excelentes historias se contaron, cuando llegó por fin mi turno leí con suma devoción mis más recientes palabras. Tras cuartilla y media llegué al glorioso desenlace, espere un momento para levantar la vista y ahí estaban: todos boquiabiertos, sí, boquiabiertos, incluso el profesor tardó algunos segundos en articular palabra: -¿Qué opinan?-, dijo. Dicho esto, todos comenzaron a opinar desconcertados, sí, desconcertados, resulta que NADIE, repito NADIE, había entendido la historia y en un intento por descifrarla inventaron cualquier cantidad de tramas que ni remotamente se acercaban a lo que yo había querido decir (permítanme soltar una carcajada).
Alguien menciono en la clase que lo que escribes revela mucho de ti, ¡Qué horror! ¿Seré entonces inentendible, misteriosa y complicada? (otra carcajada).
El meollo del asunto
La cuestión es que aunque recién me di cuenta que mi mente trabaja de una forma extraña, me reconforta el hecho de recordar que Roma no se hizo en un día y que, de una forma u otra, estoy haciendo las cosas que me gustan, que me apasionan, que me llenan; con el consabido pánico que da no contar con el cheque quincenal, pero con el optimismo, quizá demasiado ingenuo, de pedirle a la vida un poquito más…

es para mi una emocion indescifrable leer lo que ahora escribes. Esa libertad de pensamiento tan veraz me llenó de asombro. A travez de los años has madurado y afianzado tus conocimientos que me dejas perpleja. Siempre me ha gustado el arte y siento vibrar mi corazón cuando descubro emociones ocultas en ese corazón tan grande. No dejes nunca tus sueños aunque con ello conlleves un futuro incierto en cuanto a lo material. te amo profundamente. lulu.
ResponderEliminarSi las letras fueran tan fáciles, habrían más escritores (de los buenos). Porque cabe señalar, que hay muchos en el rubro que se camuflajean como grandes figuras.
ResponderEliminarSin embargo, el pensamiento complejo vertido en palabras, es lo que crea la originalidad de una historia.
Go, go, go Joseph!!! el soñador!
uffff...primero q nada una disculpa por no haber comentado antes en este excelente blog superintelectualyhartointeligentisimooooooooo!!!....jajaja tanto q de repente leía tus cosas y me quedaba JUAT!....por eso yo sólo pinto me cae...ajjaja ......cuando me dijiste de tu curso me dio emoción....no hay nada como los affaires nocturnos!.....te lo digo por experiencia :OOOOO
ResponderEliminarmuchos besos y mucha suerte en esta historia de letras, comas, paréntesis y signos de admiración :D