Otra vez apareciste.
Llevabas la misma camisa blanca que nunca te he visto. Me tomaste de la mano sin preguntarme, como siempre, y tiraste con fuerza para obligarme a correr a través del parque a pleno sol donde nunca hemos estado juntos.
Una vez más me dio miedo tu expresión catastrófica, como si yo tuviera la culpa de tus necedades, como si hubiera sido yo la que te pidió que aparecieras y me dejaras tan inquieta como siempre que te leo.
Ahí estaba de nuevo la casa extrañamente dividida, con el jardín y la piscina que nunca me has mostrado; y yo como siempre, enfadada contigo, por haberme convencido de lo que nunca me explicaste.
Nuevamente me ofreciste limonada, con el pretexto de arrastrarme a la cocina, donde no hemos discutido ni tampoco me has besado, como siempre. Por eso me salí una vez menos muy enojada de la casa; y atravesé con rabia inexistente el parque enrarecido por la noche.
Otra vez apareciste repetido entre mis sueños. Reafirmando la extraña e imposible realidad. Llevabas la misma camisa azul que nunca me has dejado verte puesta, ni quitártela.
lunes, 12 de enero de 2009
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HOLA...!¡!
ResponderEliminarEXCELENTE INICIO DE SEMANA, QUE TODO MARCHE DE MARAVILLA.
PASE A CONOCER Y ME HA GUSTADO LO QUE ENCUENTRO, POR AQUI ESTARE.
UN BESO Y UN ABRAZO.
CAVA.
Gracias Cava, igualmente espero tengas una buena semana, gracias por el comentario y por aquí nos leemos :D
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