Por Alma CaballeroMeses atrás, día 22 de agosto de 2008 exactamente, me invitaron a los Cinemas Lumiere, en Reforma, a ver la película que en español fue torpemente bautizada como: Solos contra el mundo, y en inglés, The bubble.
Varios amigos me la habían recomendado y la verdad es que no les había hecho mucho caso, el asunto es que casi por casualidad ese día la fui a ver y entre otras cosas no sabía que era una película israelí dirigida por Eytan Fox, ni tampoco que es parte de una especie de trilogía (junto con Yossi & Jeagger), ni que era de temática gay, ni mucho menos que hablaba del conflicto entre palestinos y judíos.
Me declaro una aprendiz del mundo, de la vida, de la literatura, del arte, -y para quienes me conocen lo saben obvio-, del amor. Con esa sensación salí del cine.
Si, hoy mientras la nostalgia invadía mi mañana, debido a recientes sinsabores, me acordé de ésta película; me acuerdo y me dan ganas de llorar, como lo hace uno en esas épocas sentimentales, una película: lloras; una canción: lloras; una llamada: lloras; un recuerdo: lloras; estado de cuenta de la tarjeta de crédito: ¡berreas!
Y no finjan que no han tenido esas rachas, que son de ley, y no sólo para las mujeres que somos expertas en el tema ¿eh? Aunque no parezca los hombres también tiene su corazoncito. En fin, de antemano les cuento que ando en esa etapa, pero ¡oh, maravilla de los blogs!, siempre tienes la opción de regresar en un par de días a ver si ya se me paso, no es como si me tuvieras enfrente y te tuvieras que chutar mi bla, bla, bla por cortesía (o pena) a dejarme con la palabra en la boca, ¿no?
Drama, drama, drama, se los advertí, pero bueno, regresando a la película, la cual obviamente no contaré a detalle para que la vean, es fantásticamente deprimente y habla de la arbitrariedad de no poder AMAR a alguien por cuestiones religiosas, políticas, sociales, etcétera; que la mayoría de las veces, poco o nada tienen que ver con las involucrados.
Mi punto es que en México –dejando de lado algunas circunstancias, advierto-, en términos generales vivimos en un país que nos permite amar libremente, sin importar raza, religión, orientación sexual, tendencia política, nacionalidad y a veces hasta estatus social.
Aún así, tenemos la más increíble y asombrosa capacidad de enmarañar el amor en todas sus versiones, ¿a poco no?, me apunto el número uno en complicaciones amorosas, cosa que, dicho sea de paso, uno sólo puede admitir en un espacio etéreo como éste.
Ver la historia de dos personas que pretenden enamorarse en medio de tanta dificultad y lucha, sin duda te da otra perspectiva. No podían estar juntos, no podía hacer nada la respecto y ni siquiera ahora, después de terminados los créditos, podemos imaginar la manera de ayudarlos.
Mientras nosotros sumergidos en frases tan trilladas como:
- No estoy segura
- Me da miedo enamorarme
- No quiero perder mi libertad
- Te quiero pero no estoy lista para el compromiso
- Necesito tiempo para aclarar mis sentimientos; y el clasicazo,
- No eres tú, soy yo.
Varios amigos me la habían recomendado y la verdad es que no les había hecho mucho caso, el asunto es que casi por casualidad ese día la fui a ver y entre otras cosas no sabía que era una película israelí dirigida por Eytan Fox, ni tampoco que es parte de una especie de trilogía (junto con Yossi & Jeagger), ni que era de temática gay, ni mucho menos que hablaba del conflicto entre palestinos y judíos.
Me declaro una aprendiz del mundo, de la vida, de la literatura, del arte, -y para quienes me conocen lo saben obvio-, del amor. Con esa sensación salí del cine.
Si, hoy mientras la nostalgia invadía mi mañana, debido a recientes sinsabores, me acordé de ésta película; me acuerdo y me dan ganas de llorar, como lo hace uno en esas épocas sentimentales, una película: lloras; una canción: lloras; una llamada: lloras; un recuerdo: lloras; estado de cuenta de la tarjeta de crédito: ¡berreas!
Y no finjan que no han tenido esas rachas, que son de ley, y no sólo para las mujeres que somos expertas en el tema ¿eh? Aunque no parezca los hombres también tiene su corazoncito. En fin, de antemano les cuento que ando en esa etapa, pero ¡oh, maravilla de los blogs!, siempre tienes la opción de regresar en un par de días a ver si ya se me paso, no es como si me tuvieras enfrente y te tuvieras que chutar mi bla, bla, bla por cortesía (o pena) a dejarme con la palabra en la boca, ¿no?
Drama, drama, drama, se los advertí, pero bueno, regresando a la película, la cual obviamente no contaré a detalle para que la vean, es fantásticamente deprimente y habla de la arbitrariedad de no poder AMAR a alguien por cuestiones religiosas, políticas, sociales, etcétera; que la mayoría de las veces, poco o nada tienen que ver con las involucrados.
Mi punto es que en México –dejando de lado algunas circunstancias, advierto-, en términos generales vivimos en un país que nos permite amar libremente, sin importar raza, religión, orientación sexual, tendencia política, nacionalidad y a veces hasta estatus social.Aún así, tenemos la más increíble y asombrosa capacidad de enmarañar el amor en todas sus versiones, ¿a poco no?, me apunto el número uno en complicaciones amorosas, cosa que, dicho sea de paso, uno sólo puede admitir en un espacio etéreo como éste.
Ver la historia de dos personas que pretenden enamorarse en medio de tanta dificultad y lucha, sin duda te da otra perspectiva. No podían estar juntos, no podía hacer nada la respecto y ni siquiera ahora, después de terminados los créditos, podemos imaginar la manera de ayudarlos.
Mientras nosotros sumergidos en frases tan trilladas como:
- No estoy segura
- Me da miedo enamorarme
- No quiero perder mi libertad
- Te quiero pero no estoy lista para el compromiso
- Necesito tiempo para aclarar mis sentimientos; y el clasicazo,
- No eres tú, soy yo.
Leamos y entendamos, tenemos la LIBERTAD de AMAR, de amarnos entre nosotros, de amar a la familia y a los amigos, que a veces tristemente ni eso podemos hacer. Así que ya es hora de sacudirnos las tonterías y sin preguntas ni prejuicios… simplemente amar.
Miles de palabras se pueden escribir acerca del amor, pero no los voy a marear, el amor hay que vivirlo sin más, ni más… espero haber entendido la lección.
Vean la película amados lectores…
